Cada 28 de julio se celebra en todo el mundo el Día Mundial contra la Hepatitis, idea que surgió en 2008 desde la ONG Alianza Mundial Contra al Hepatitis y a la que en 2010 se unió la Organización Mundial de la Salud con el objetivo de aumentar la visibilización y comprensión sobre los distintos tipos de hepatitis y sus consecuencias sobre la salud. El día fue designado en honor al Premio Nobel Baruch Blumberg, descubridor de la enfermedad.

Actualmente la hepatitis en alguna de sus versiones afecta a aproximadamente a 300 millones de personas, algo que la Organización Mundial de la Salud considera a todas luces excesivo ya que a día de hoy ya contamos con herramientas para erradicar esta enfermedad, algo que para este organismo debería poder lograrse para el año 2030.

Qué es la hepatitis

La hepatitis es una inflamación del hígado, normalmente causada por los virus de la hepatitis, aunque también puede ser provocada por otras infecciones o la ingesta de ciertas sustancias como alcohol y drogas o enfermedades autoinmunes.

La inflamación puede remitir por si misma o empeorar hacia una fibrosis, una cirrosis e incluso un cáncer de hígado. Hay cinco tipos de hepatitis, A, B, C, D y E.

Tipos de hepatitis y sus síntomas

Hay cinco tipos de hepatitis, que varían en cuanto a síntomas, gravedad y método de contagio. Los cinco tipos de hepatitis son:

Hepatitis A

Su contagio se produce a través del consumo de agua o alimentos contaminados por el virus. Es la menos agresiva de todas, de hecho, en la mayoría de los casos no llega ni a provocar síntomas perceptibles, por lo que no es diagnosticada ni tratada y simplemente se pasa sola. Cuando presenta síntomas, estos son cansancio, ictericia, inapetencia, náuseas y vómitos. Suele ser algo más grave en adultos que en niños, aunque normalmente no se vuelve crónica ni provoca daños permanentes en el hígado

Hepatitis B

Producida por el virus de la hepatitis B, se transmite a través de fluidos corporales como la sangre, el semen, la orina, la saliva y las lágrimas. Las formas más habituales de transmisión son a través de jeringuillas infectadas, ya sea por consumo de droga o por piercings y tatuajes, a través de relaciones sexuales y las madres a través del parto o la lactancia.

La hepatitis B puede derivar en problemas graves de riñón ya que tiene a cronificarse con facilidad, lo que significa que puede llegar a durar más de 6 meses, lo que aumenta considerablemente el riesgo de que provoque algún tipo de insuficiencia hepática, cáncer de hígado o cirrosis.

Uno de sus peligros es que puede portarse el virus sin que este presente síntomas, lo que hace imposible que el portador sepa que puede contagiarla. Sus síntomas son similares a los de la hepatitis A: orina oscura, fiebre, dolor abdominal, náuseas y vómitos, fatiga y pigmentación amarilla de piel y blanco de los ojos.

Hepatitis C

La causa el virus de la hepatitis C y a diferencia de la B, solo puede transmitirse a través de la sangre. Como en la hepatitis B, la enfermedad se puede presentar de manera aguda o de manera crónica. Esta vertiente se presenta casi siempre de manera asintomática, por lo que aumenta el riesgo de cirrosis y cáncer hepático.

Hepatitis D

Es la más grave de las vertientes de la enfermedad, también la más extraña en su desarrollo ya que para que un paciente desarrolle hepatitis D es condición indispensable que esté infectado por la hepatitis B. De hecho, se estima que el 5% de los pacientes con hepatitis b tienen también hepatitis D. Las vías de transmisión son las mismas que en la hepatitis B.

La infección simultanea de hepatitis B y D puede derivar en una hepatitis aguda, el paso de hepatitis leve a grave, incluso a fulminante. En estos casos la progresión hacia la cirrosis se puede acelerar considerablemente. De hecho los pacientes infectados a la vez con VHB y VHD pueden desarrollar estas dolencias hepáticas 10 años antes que los solo infectados con el VHB.

Hepatitis E

Es poco común en Europa, se da principalmente en África y Asia, en tiempos de lluvia por la contaminación de las aguas que luego se consumen. Los síntomas son los comunes a los otros tipos de hepatitis y la mortalidad es muy baja, no alcanzando el 5% salvo en embarazadas, sector de la población en la que, por motivos aún sin determinar, alcanza el 20%.

Tratamientos contra la hepatitis

La hepatitis A y E habitualmente no se tratan porque en la mayoría de los casos se curan por sí mismas, solo hay que seguir su evolución para asegurarse de que no se cronifique o derive en cuadros más agresivos.

Las hepatitis agudas sí tienen tratamiento, habitualmente fármacos antivirales como interferón o ribavirina. Las hepatitis autoinmunes se tratan con corticoides y en muchas ocasiones con fármacos inmunosupresores.

Vacunación contra la hepatitis

Actualmente existe vacunación contra la hepatitis B, contemplada dentro del calendario de vacunación de las CCAA. También existe vacunación para la hepatitis A aunque debido a su escasa incidencia y gravedad no suele aplicarse en los calendarios de vacunación públicos y actualmente solo está incluida en algunas comunidades como Cataluña.

Actualmente la mayoría de los seguros médicos cubrirían el seguimiento médico necesario en caso de cronificación. Si tienes alguna consulta al respecto, no dudes en contactar con Más que seguro para recibir asesoramiento.